¡ES PEOR LA EPS QUE LA ENFERMEDAD!

Por Néstor Pérez Gasca

Causa repudio el trato indigno que las entidades del sistema de salud nos dan a los usuarios día a día, a pesar de los grandes recursos y dividendos que amasan estas empresas, no se conmueven del estado crítico de algunos pacientes, que por desidia y negligencia de todo el andamiaje que administra este tétrico régimen de “inseguridad” en salud, viene atacando  de manera constante la integridad, salubridad, dignidad y sobre todo la vida de los Colombianos, víctimas de este perverso régimen, que siempre sorprende por lo inadmisible de su proceder más no por sus loables resultados.

Por ejemplo, he sido testigo en poco tiempo de los obstáculos que tienen que sortear las personas que sufren cualquiera patología, lo grave del asunto es que esta divergencia no es por causa de la misma enfermedad, por el contrario, es un factor exógeno, cruel e inadmisible conocido como el peor de los padecimientos y distinguido con el nombre de “la autorización” o “la remisión”; asombra que la no expedición de un simple pergamino cause tanta injuria. Por la ausencia de ese documento, tengo conocidos que son vulgarmente cercenados de tratamientos psiquiátricos  los cuales no pueden ser interrumpidos, más aún teniendo en cuenta que son incapaces relativos, también he evidenciado que por la ausencia del pluri nombrado  “permiso”  algunas personas en condición de discapacidad no pueden acceder a un trámite pensional  porque no les autorizan exámenes, con lo cual un grupo medico podría determinar el porcentaje de la perdida de capacidad laboral y como si fuera poco tengo un amigo esperando la muerte en la UCI, lo anterior porque la EPS no tiene convenio con un Hospital de mayor categoría.

No olvidemos que este sistema fue creado por la ley 100 de 1993, siendo ponente el senador Uribe (creador de una de las peores enfermedades de Colombia, “el Uribismo”) parece gracioso pero muchas cosas que nos afectan diariamente como sociedad devienen del mismo personaje; creo que de ese masoquismo nos venimos embelesado en tanto que es habitual adorar el mismo “patíbulo”.

En conclusión, es más peligrosa la tramitomanía burocrática que ni las miles de enfermedades que nos asechan.

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