¡MIS HIJOS NO IRÁN A LA GUERRA!

Por Néstor Pérez Gasca

Seguimos atados a las cadenas de la violencia las cuales están sujetadas con odio, resentimiento propio y ajeno, me impresiona esa concupiscencia de deseo de venganza de esos dos sectores antagonistas que siempre han jugado a la guerra con las vidas impropias, tal vez porque cuando se expone en riesgo la integridad ajena poco o nada les importan las consecuencias, por tal razón para la cúpula extremista de la izquierda y la derecha, se les facilita convocar nuevamente al desangre fratricida, porque quizás sus hijos o seres queridos –si tienen- lo más cerca que estarán del conflicto será a través de una pantalla de televisión o de un computador, así las cosas, no entiendo ¿Por qué? Un grupo minoritario de ciudadanos le sigue haciendo guiños a continuar destilando tristeza a través de la eliminación humana ¿nos habremos convertido en una sociedad antropófaga? ¿Nos harán falta los raudales sangrientos de los últimos 200 años de violencia?

Lo que si es posible colegir es que la mayoría de personas que han tomado las armas pertenecen a los estratos sociales  más bajos, esos estratos en el cual su cordón umbilical  ha estado unido a la desidia estatal, en ese estadio social es donde nace la  gran totalidad de  los mártires y “héroes de la patria”  de este segmento social nada le importa el futuro de los niños, porque luctuosamente muchos han nacido sin este, muchos han nacido bajo el estímulo de la violencia, la barbarie, el abuso, la indolencia; por eso mandarlos para la guerra no es un castigo sería más como un estímulo para graduarlos como seres violentos o del terror, quienes solo nutren su sed de venganza con ímpetu, esa sed que deviene de la mísera vida que les ha tocado vivir desde el nacimiento, incluso algunos desde la concepción, que en algunos casos pudo ser  con abuso a sus conceptoras.

Así las cosas hacer que unos se mantén con otros no es acto de soberanía  sino  un despiadado acto criminal, por eso prefiero ver a mi hijo disparando notas musicales y sembrando comida como un humilde campesino que balas mortales. En consecuencia voy hacer todo lo posible para que mi hijo a la guerra no vaya y menos a una guerra fratricida, por eso te digo:-hijo a la guerra no vas-.

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